Odio los libros electrónicos

No me gustan los libros electrónicos. Ya está, ya lo he dicho. Sí, soy un fósil amante del papel escrito. No veo la necesidad de leer en una pantalla, a no ser que se trate de un texto corto. No disfruto.

Para mi el placer de leer se prolonga más allá de la propia lectura. Me gusta salir a la calle y recorrer librerías. No cambiaría por nada el olor de los libros nuevos, poder cogerlos en las manos y mirar las portadas que me llamen la atención, leer las sinopsis de las contraportadas y consultar al librero.

Me caen bien los libreros y me da mucho envidia su trabajo, aunque cada vez quedan menos. ¡Malditos grandes almacenes! Me gustan las librerías de barrio, aunque también disfruto en las grandes siempre que no funcionen en plan autoservicio. Y una vez comprado el libro (mejor si son dos) disfruto tomando un café mientras los saco de la bolsa y los miro y los huelo, prolongando el tiempo de espera antes de iniciar la lectura.

Soy fetichista de los libros. Y no me da vergüenza. No como esos asquerosos fetichistas de los pies. No lo entenderé nunca. A mi, particularmente, me huelen como si tuviese quince años y estuviese en plena explosión hormonal. Y a los demás también os “cantan”, no pongáis cara de inodoros, que no cuela.

Volviendo al tema, hace poco intenté mirar en internet libros digitales, más por curiosidad que por otra cosa. Casi me da un síncope. Abres uno de esas horribles páginas y te encuentras con veinte o treinta categorías con miles de entradas cada una. Es decir, vas inocentemente a intentar comprar, pongamos como ejemplo, una novela policiaca y te encuentras con 2.135 entradas.

¿Quién es la guapa que se mira todo eso? Yo no desde luego. Confunden cantidad con calidad. Me da mareo y no se qué elegir. Me falta el librero que me asesore, echo de menos el tacto que me haga decantarme por uno u otro, no me ayuda nada la foto enana de la portada… Un asco.

Me gusta leer tres o cuatro libros a la vez, tenerlos estratégicamente distribuidos por la casa e ir cogiendo el que me viene bien en cada momento. El libro electrónico tiene que estar cargado (se me olvidaría, bastantes problemas me da ya el móvil) y no se puede apilar al lado del sofá, extender el brazo y coger uno cualquiera, dejarlo en manos de la suerte.

Mientras la editoriales sigan trabajando el papel, resistiré. Por lo menos hasta que al entrar en una librería me encuentre a un librero-robot, que no me extrañaría que me pasase cualquier día.

¿Por asesinar robots se va a la cárcel? Tengo que investigarlo.

 

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