Publicidad, mala

Hace unos días, mientras paseábamos, mi madre me dijo que estaba triste. Ni corta ni perezosa le ofrecí un palo. “Tu eres tonta o qué” fue la respuesta de mi progenitora. Con esta sencilla prueba confirmé dos cosas. La primera, que mi madre no tiene ni el más mínimo sentido del humor. La segunda, que la publicidad nos miente…con lo contento que se ponía el niño del anuncio. Y con que entusiasmo gritaba “un palo, un palo”. Publicidad, mala.

Tampoco me he sentido nunca feliz por muy grande que haya sido la ingesta de Coca-Cola. En el anuncio están todos muy contentos, pero me parece que yo no pillo lo de la chispa de la vida. Lo único que he conseguido es una noche sin dormir y un estado de nervios como para tener que cenar una tortilla de Valium.

En cuanto a los anuncios de ropa, me resultan totalmente indiferentes. Menos el momento en el que una de las modelos del anuncio de El Corte Inglés aprieta un pulsador que tiene el mensaje “no pulsar”. Me da una sensación de gusto tremenda.

Los de coches tampoco me interesan lo más mínimo. Ni quiero un deportivo ni un coche que me busque un hotel ni arrasar la ciudad ni creo que un todoterreno me vaya a hacer sentir libre. Otra cosa sería una tanqueta: tener un vehículo que derribe muros y aplaste cosas tiene que molar, pero tampoco tendría mucho que ver con la libertad, más bien se relaciona con mi fondo canalla.

Particularmente odioso me resulta el anuncio de una academia en el que los niños (varones) son animados a ser astronautas y arquitectos y las niñas enfermeras. Noooo, no es machismo, es un anuncio en el que una niña quiere “salvar vidas”. Supongo que también querrá cuidar de sus hijitos y de su marido (por la iglesia por favor), así como de sus padres y suegros, además de ocuparse de la casa y todo el resto de trabajos gratificantes que tradicionalmente se nos asignan a las mujeres.

También puede ser que sean manías mías, que soy una rara, pero la verdad es que la tanqueta me vendría de perlas para arrasar la academia en cuestión.

Un anuncio que sí me gusta es el de las patatas Lays. Es totalmente absurdo, con una trabajadora del super que se arranca a cantar no se sabe por qué y con unos clientes que no pueden resistir el impulso de ponerse a bailar mientras comen las patatas. Es tan ridículo que me hace gracia.

Y no, aunque me guste el anuncio no me ha hecho consumir esa marca de patatas, por si alguien se lo pregunta. Compro patatas Sarriegui, que tiene la fábrica en Usurbil (Eva, espero que estés contenta).

Estoy muy orgullosa de mi misma. He conseguido escribir esto sin citar en ningún momento el referendum catalán, aunque me tentaba. FREE PIOLIN¡¡¡¡

 

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2 comentarios en “Publicidad, mala

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