Ojalá vengan los marcianos

Ojalá vengan los marcianos y nos maten a todos. Sólo así se salvará el planeta. Los humanos somos lo peor. Y a las pruebas me remito.

Ayer leí un reportaje en Zazpika, titulado Tours por la miseria, que me hizo desear la desaparición del género humano. Y ya sé que también hay gente buena, pero hemos llegado a un punto en el que empiezo a considerar su muerte como daños colaterales.

A lo que iba. En el reportaje se explica que hay gente (por llamarles algo, porque les pega mucho más la palabra alimaña) que incluye en sus vacaciones a Camboya una vueltecita por el vertedero de Anlong Pi, en la ciudad de Siem Reap. Para tanto es el interés que el vertedero ha sido incluido en las guías turísticas como un punto más en las rutas de ocio para los viajeros.

Algunas de estas buenas personas dan caramelos a los niños. Si es que cuando la gente es buena, es buena. Ya está bien tanto criticar. Cada uno se divierte como le da la gana. Yo tengo una propuesta para estos viajeros. También muy entretenida y creo que más enriquecedora para sus corazones curiosos.

Me encantaría que cuando llegasen al vertedero, en vez de disfrutar con la visión de familias enteras viviendo entre mierda y ganando una miseria trabajando doce horas diarias, tuviesen la oportunidad de mejorar la experiencia. Les obligaría a pasar una semana haciendo el trabajo mientras los residentes habituales se van a pasar los siete días a los hoteles de los turistas.

Eso sí, a los voluntarios les daría de vez en cuando un caramelo y les dejaría hacerse todos los selfies que quisieran, para que tuviesen un recuerdo gráfico de tan bonita actividad. Además, una vez de vuelta en sus países podrían enseñar las fotos a los amigos y animarles a emprender el mismo viaje. Lo que no les dejaría es visitar los templos de Angkor Wat de la zona, declarados patrimonio de la humanidad. Total, para qué.

Si alguien tiene interés, el mismo reportaje informa de que Río de Janeiro, Buenos Aires, Nueva Delhi, Nairobi o Johannerburgo son otros lugares en los que se pueden visitar bonitos orfanatos, pintorescos barrios marginales o alegres vertederos.

Marcianos, visitadnos y dadnos para el pelo. Os lo ruego.

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