Contubernio

El otro día en clase nombraron a Zygmunt Bauman, el filósofo y sociólogo polaco. El nombre me sonaba, pero por mí podría haber sido un futbolista famoso. Ni idea de su trayectoria y escritos. Al día siguiente me compré el último libro publicado en español de Umberto Eco, una recopilación de artículos. Y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que a la primera persona que cita Eco es a Bauman.

Ahí comenzaron mis sospechas. Bauman es polaco y en clase hay una polaca. El sociólogo tiene doble nacionalidad polaco-británica y en el curso damos inglés. Comentan una de sus teorías y al día siguiente aparece su nombre en un libro. Todo estaba claro: se trataba de un contubernio judeo másónico. Y digo judeo masónico porque es judío y porque los masones se han hecho fuertes en Gran Bretaña. No podía obviar tantas señales.

Sintiéndome amenazada no he perdido el tiempo y he dedicado la mañana a investigar a Bauman. ¡Y resulta que me encanta! Para empezar, se le considera un pesimista y, como todo el mundo sabe, un pesimista es un optimista bien informado. Mi tipo de persona favorita.

Entre sus teorías figura la modernidad líquida, donde todo lo sólido se ha licuado, donde nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso. Como rasgo general del hombre líquido señala que fluye a través de su propia vida como un turista, cambiando sitios, trabajos, cónyuges, valores y a veces su orientacíón sexual o política.

Por si fuera poco, asegura que el neoliberalismo ha fracasado, que se ha perdido el sentido de comunidad en un mundo individualista, que la idea de progreso es un mito y que la gente que protesta en internet en realidad hace activismo de sofá. ¿Se puede ser más maravilloso? Creo que me he enamorado.

Pero con diferencia lo que más me ha gustado es cuando dice que mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino para encerrarse en sus zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven es el reflejo de su propia cara.

Explica esta actitud por la tipificación de “el otro” como extraño por desconocido. Los extraños irritan, desagradan, desconciertan porque tienden con su sola presencia a ensombrecer y eclipsar la nitidez de las líneas fronterizas clasificatorias que ordenan el mundo en el que vivo.

A mi, particularmente, los demás no me gustáis porque sois raros y ruidosos. Estimado Zygmunt, cuentas con mi autorización para añadir esta idea a tu teoría.

 

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2 comentarios en “Contubernio

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