La plancha ilumina

El camino hacia la iluminación pasa por una sesión de plancha, por lo menos en mi caso. Nunca he sabido cómo se hace eso de reflexionar. Cuando he intentado pensar o más bien me han venido pensamientos a la cabeza y estaba paseando, he acabado en los sitios más insospechados.

Cuando he intentado pensar en el Paseo Nuevo mirando el mar se me ha quedado la mente en blanco hasta el punto de pensar que se me ha caído la baba. No me lo puedo permitir, porque tengo una imagen de “lista para los recados” que mantener y lo de la baba no ayuda.

Pero cuando plancho pienso. Ignoro el porqué. A primera vista el artefacto planchador no parece muy inspirador, pero el hecho es que suelo aprovechar su uso para reflexionar. Y no es a propósito. Me sale. Eso sí, los pensamientos no son elevados, para qué voy a mentir. Pero lo importante es que pienso, luego debo existir.

A veces (pocas) me asaltan ideas interesantes, pero rauda y veloz como un rayo las mando hacia la parte de atrás del cerebro. A esa zona la llamo “área de los resultados sorprendentes” porque cuando quiero encontrar una solución a cualquier problema, mandó allí la información e inmediatamente lo olvido. Luego el área sorprendente, a veces en horas y otras veces en días, me devuelve una solución. Eso sí, no asegura la efectividad.

Y el caso es que estaba planchando y me he preguntado “de qué escribo hoy” y me he dicho, tras profunda reflexión, “esta bobada me vale”. Y aquí está. Y de paso toda la ropa perfectamente planchada.

 

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