No aguanto a los milenials

Los miembros de generación milenial (nacidos entre 1980 y 2000) me resultan muy irritantes, salvo honrosas excepciones. Además de ser unos inmaduros que siguen viviendo en casa con sus padres y encima contentos, tienen dos características que me ponen enferma: utilizar anglicismos sin ton ni son y creerse los más originales de la galaxia. Lamentablemente para mi salud mental, el otro día llegó a mis manos un artículo de una revista que no pienso citar, baste con decir que es de esas que te dan gratis con el periódico, titulado “Síndrome de Tinderella, el placer de ligar sin más…”. Aclaro … Continúa leyendo No aguanto a los milenials

Odio los libros electrónicos

No me gustan los libros electrónicos. Ya está, ya lo he dicho. Sí, soy un fósil amante del papel escrito. No veo la necesidad de leer en una pantalla, a no ser que se trate de un texto corto. No disfruto. Para mi el placer de leer se prolonga más allá de la propia lectura. Me gusta salir a la calle y recorrer librerías. No cambiaría por nada el olor de los libros nuevos, poder cogerlos en las manos y mirar las portadas que me llamen la atención, leer las sinopsis de las contraportadas y consultar al librero. Me caen … Continúa leyendo Odio los libros electrónicos

Cansavacas

Estoy hasta el pico de la boina de los cansavacas que mandan mensajes-chorizo de varias pantallas de extensión en el WhatsApp. Tengo varias cosas que decirles. La primera y más importante: ¡NO ME ABURRAS! (sí, estoy gritando). Con lo de Cataluña los cansavacas están especialmente pelmas. No se si es que el tema les pone o que han visto un resquicio para dar la plasta y lo están aprovechando. Me han llegado en una semana como cuatro cartas de tinte lacrimógeno que por supuesto no he reenviado, pero que he tenido la desgracia de leer. Es que no espabilo. Y … Continúa leyendo Cansavacas

Publicidad, mala

Hace unos días, mientras paseábamos, mi madre me dijo que estaba triste. Ni corta ni perezosa le ofrecí un palo. “Tu eres tonta o qué” fue la respuesta de mi progenitora. Con esta sencilla prueba confirmé dos cosas. La primera, que mi madre no tiene ni el más mínimo sentido del humor. La segunda, que la publicidad nos miente…con lo contento que se ponía el niño del anuncio. Y con que entusiasmo gritaba “un palo, un palo”. Publicidad, mala. Tampoco me he sentido nunca feliz por muy grande que haya sido la ingesta de Coca-Cola. En el anuncio están todos … Continúa leyendo Publicidad, mala

Mi hermana es superwoman

Cuando era pequeña estaba convencida de que mi hermana Edurne era, como poco, una superheroína. Lo sabía todo, por lo menos todo lo que yo consideraba de interés. Aclararé que es diez años mayor que yo. Recuerdo claramente el periodo de admiración sin fisuras, yo tendría unos cuatro años. Un día se estropeó el ascensor en casa de mis padres, algo que ocurría con frecuencia, y tuvimos que bajar andando. Cuando habías bajado unos pocos peldaños mi hermana me dijo “¿pero todavía bajas las escaleras de una en una, como los niños pequeños?”. Luego me explicó que había que poner … Continúa leyendo Mi hermana es superwoman

Evolución ideológica materna

“Alza la bandera revolucionaria, suena el triunfo de nuestra emancipación”. ¿Y por qué empiezo la entrada con una cita de A las barricadas? Es por mi madre, que está inmersa en un proceso de evolución ideológica. Con esta mujer no gano para sorpresas. Para aquellos no iniciados diré que mi madre ha sido toda su vida comunista. Lo del socialismo le parecía light (“que carece de las cualidades esenciales o las ha perdido y resulta insulso o insustancial”, señala la definición). Pero ahora está en profunda transformación. Desde que se ha quedado viuda le sobra el tiempo y al parecer lo … Continúa leyendo Evolución ideológica materna